Tradiciones

Los kimonos en las bodas japonesas

boda japonesa

El kimono ha traspasado las fronteras japonesas para convertirse en una prenda predilecta por las mujeres en el resto del mundo, en toda clase de situaciones. Lo conocemos de sobra, ¿pero sabemos cómo se utiliza para las bodas en Japón?

La importancia simbólica del kimono es muy grande en las bodas japonesas y sobre todo para la mujer; más incluso, podría decirse, que nuestro traje de novia occidental. Mientras que éste es único, en las bodas japonesas se emplean varios kimonos, cada uno para el momento que lo precisa. El primero que lleva la novia durante la ceremonia en sí recibe el nombre de shiro maku y es blanco; un color que en oriente se emplea tradicionalmente para los funerales, pero que en este caso representa también la dicha y la pureza del momento, igual que para nosotros. Tras el enlace, ya en la fiesta de celebración, la novia se coloca por encima de su kimono blanco otro con motivos mucho más elaborados y alegres, con un fondo rojo: es el conocido como uchikake y representa la alegría máxima. Está vedado para ese momento; ninguna mujer puede volver a utilizarlo tras casarse, por lo que normalmente se alquila, no se compra.

¿Y qué hay del novio?

No pensemos que el kimono de boda es exclusivo de la mujer; recordemos que es el atuendo más emblemático de Japón, y como tal también tiene sus variantes para el novio en un día tan especial. Se utiliza junto a un abrigo (sí, a pesar del calor que suele hacer en el país casi todo el año) y los colores deben ser oscuros: no necesariamente tiene que ser negro, pero sí púrpura, marrón… En este sentido, el novio tiene libertad para elegir. Es una prenda de una sola pieza, y normalmente lleva bordado o cosido el escudo de la familia.

No hay que olvidar que todo esto es la tradición propiamente dicha, derivada del sintoísmo, pero son muchas las parejas japonesas que han optado por casarse al estilo occidental en los últimos años. Es una tendencia que va en aumento, así que no os extrañéis si viajáis a Japón y os encontráis bodas que en nada difieren de las nuestras.