Tradiciones

Las celebración de las bodas griegas

boda griega

Si las bodas griegas nos parecen fastuosas, no tenemos más que echar un vistazo atrás (¡muy atrás!) para darnos cuenta de que se trata de una tradición que viene de antaño. En la Grecia Clásica ya era habitual que se llevaran a cabo celebraciones a lo largo de varios días.

Como bien sabemos, y como fue norma habitual en los siglos posteriores, las bodas griegas no tenían demasiado de romanticismo. Eran enlaces pactados, donde a veces los novios no se veían hasta el mismo día, y en los que lo que realmente tenía peso era la riqueza que se obtenía y la posibilidad de engendrar descendencia. Aun así, no se reparaba en gastos y en espectacularidad para celebrarlas.

Al contrario que nosotros, que buscamos el buen tiempo por encima de todas las cosas, las bodas griegas tenían lugar normalmente en invierno. El mes preferido era enero, y si podía ser un día de luna llena, mucho mejor; era un símbolo inequívoco de buenos augurios. No se celebraba únicamente durante un día, sino tres, cada uno con un significado y un conjunto de ritos propios: prailía, gámoi y epaílía eran sus nombres.

 El primer día, el paso de niña a mujer

Durante el primer día, se celebraba que la futura novia dejaba atrás su vida de niña para integrarse en el mundo de las mujeres, con todos los deberes de éstas. En el fuego del hogar, la novia ofrecía a modo de sacrificio sus juguetes infantiles. El novio, por su parte, se cortaba el cabello como símbolo de respeto hacia su nueva vida.

El segundo día, el gran banquete

El gámoi comenzaba con un banquete en casa del novio, en los que la pareja todavía se sentaba en mesas separadas. Una vez finalizado éste, y con los novios coronados y vestidos con las galas de la boda, ambos se subían a un carruaje y recorrían la ciudad, precedidos por un séquito compuesto por amigos y familiares. El recorrido terminaba en casa del novio, donde la mujer era recibida por su suegra y aceptada como nuevo integrante de la familia.

El tercer día, ofrenda y dote

Por último, el tercer día de la boda se celebraba un nuevo banquete y era también el momento en que se entregaban presentes por parte de familiares (esto es quizás lo único con lo que nos identificamos) y la dote correspondiente. Tenía lugar bien en casa del novio, bien en casa del padre de éste.