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Las perlas en la boda, ¿buena o mala fortuna?

perlas boda

Uno de los aspectos más divertidos de cualquier superstición es comprobar cómo a veces se contradicen entre sí. Por ejemplo, cuando hablamos de llevar perlas en el día de nuestra boda. Según a qué época nos remontemos o a quién preguntemos, puede ser recomendable o no.

En la Antigua Grecia, las perlas se relacionaban con la diosa del amor, Afrodita. Seguro que todos recordáis el famoso cuadro de Botticelli en el que la diosa emerge del mar de pie sobre una concha, ¿verdad? Si la deidad representante del amor tenía este origen, está claro que llevar perlas debía ser un símbolo de buena fortuna de manera incuestionable. Pero si nos vamos un poco más adelante, a la época romana, cuando el cristianismo ya había eclosionado… la cosa cambia. Y bastante, además. En aquel tiempo, se creía que las perlas eran las lágrimas de los ángeles caídas del cielo. Y por tanto, una novia que llevara un collar u otro adorno con perlas estaba en realidad llamando a la tristeza y la mala fortuna en su boda.

Todavía hoy existe una cierta mitología en torno a las perlas; no en vano son una de las joyas preferidas, por su sencillez y elegancia, por las novias en todo el mundo. En las bodas hindúes son un elemento decorativo que se emplea con frecuencia, y en este caso poseen un simbolismo positivo: se considera que llevarlas atrae la buena suerte para la pareja.

 ¿Cómo llevar las perlas?

Si queremos pasar de supersticiones en un sentido u otro y lucirlas en nuestra boda, lo recomendable es hacerlo en collares o pulseras. Llevar pendientes de perlas tiene el inconveniente de que pasarán desapercibidas con frecuencia, a menos que llevemos un recogido o tengamos el pelo corto. En todo caso, son un complemento que combina de manera excelente con cualquier estilo que escojamos, ya sea el traje o con el resto de elementos que lo acompañan.